martes, 16 de octubre de 2018

Empezar una y otra vez



Las personas de mente inquieta como la mía, necesitamos reinventarnos cada día.

Miles de ideas bullen en nuestra cabeza, se agolpan y quieren plasmarse todas a la vez, ocasionándonos unos caos importantes muchas veces.

No, o por lo menos a mí, nos motiva nada y si lo hace, es por un corto espacio de tiempo, en el cual pasamos de entusiasmarnos a aburrirnos casi al instante.

Hay momentos en los que necesitamos cortar con todo y empezar de cero. En mi caso, cambio continuamente todo lo que está a mi alcance, mi cabello por ejemplo (que podéis ver en mi instagram @beatrizpmcoach); yo creo que lo he llevado de todas las maneras posibles y de todos los colores; pues aún no estoy conforme con él.

Muchas veces necesitamos parar y romper con todo para poder empezar de nuevo. Ese "romper" está lleno de ilusiones y expectativas que llenan el vacío dejado por todo lo anterior.

Siempre confiamos en que nuestra decisión actual sea la última y la "correcta", la que nos dará esa continuidad que perseguimos para vivir más relajadamente, pero por mucho empeño que pongamos casi nunca es así.

Desde hace un tiempo llevo casi siempre conmigo una libreta, con tapas de alegres colores y hojas blancas, que me invita a plasmar mis inquietudes, mis ideas y mis nuevos posibles proyectos o propósitos, y durante el tiempo que empleo en llenar esas páginas con todo lo que se me va ocurriendo, soy realmente feliz.

Muchas veces me pregunto si realmente quiero esa vida fácil, tranquila y monótona... , y creo que no, me gusta no estar conforme, fomentar mi creatividad, tener mis neuronas siempre activas y no renunciar a empezar una y otra vez...

¿Y tú, te conformas con la monotonía de una vida relajada, o tu cabecita, como la mía, va saltando continuamente de una idea a otra?...

miércoles, 26 de septiembre de 2018

¿Vivimos apasionadamente el otoño?...






Después del paréntesis veraniego, otra vez estoy de vuelta con mis disquisiciones.

En este período estival, hemos cambiado nuestra actividad, en mayor o menor medida, yéndonos de vacaciones, descansando, estresándonos, acalorándonos,…, el caso ha sido ir cambiando de actividad con el cambio de estación, con el calor que nos ha invitado a disfrutar del sol y de las fiestas que se han ido escalonando por muchas localidades a lo largo de estos meses de verano.

Ahora con el cambio de estación, andamos un poco alterados. La llegada del otoño también repercute en nuestras emociones. Estamos saturados del calor del verano, de la luz, de los desarreglos horarios provocados por las vacaciones, y nuestro cuerpo desea un cambio.

Nos irán inundando las nuevas temperaturas más frescas, a las que no estamos acostumbrados, pillándonos siempre desprevenidos, con los consecuentes resfriados. 

También tendremos menos horas de luz, preludio de una oscuridad que nos cubrirá emocionalmente y nos deprimirá, generando cansancio, dolores musculares y apatía. 

Las hojas secas y doradas que cubrirán el suelo de nuestras ciudades, jardines y campos, lejos de alegrarnos, irán desbordando en nosotros sentimientos de melancolía. 

A pesar de necesitar cambiar las altas temperaturas del verano por otras más llevaderas, echaremos de menos ese “buen tiempo”, lo que provocará en nosotros una resistencia que nos hará ver todo de otra manera, más gris y triste.

Con estos cambios de estación, tenemos la oportunidad de apreciar la vida que está a nuestro alrededor y, que no hace otra cosa que transformarse, invitándonos a hacerlo también nosotros.

Nos hallamos a menudo ante cambios no siempre provocados ni elegidos por nosotros, y qué mejor manera de afrontarlos que yendo a su par y no en su contra.

Podemos imitar a la naturaleza, ir cambiando, despojándonos de lo que nos va sobrando en una etapa para dejar paso a la siguiente con sus novedades y sorpresas, que no tienen por qué ser negativas.

Esperemos la llegada del otoño con todo nuestro potencial dispuesto a descubrir una nueva visión de lo que nos espera, dejándonos sorprender para disfrutar al 100% de cada instante de esta dorada estación.

¿Vivimos apasionadamente el otoño?...

domingo, 31 de diciembre de 2017

Reflexionando a final de año, encuentro un nuevo amanecer.

Otro año que termina y da paso a uno nuevo. No quería finalizar éste sin escribir una entrada en mi blog, un poquito abandonado, debido a mi marejada emocional que me lleva y me trae...
Reflexionando "un poco", ya que yo no lo hago casi nunca, jajaja, echo la vista atrás y me da la sensación de que este 2017 ha sido muy, pero que muy intenso para mí.
He ido caminando, paso a paso y sorteando dificultades y trampas que he podido superar y me he dado cuenta de muchas cosas.
Hay amistades que por mucho que se alejen siempre tendrán un asiento en mi corazón, asiento reservado para ellas e irremplazable.
También he aprendido a retirar de mi vida parte de lo que me es innecesario. Y digo parte porque no he conseguido alejarme de todo ello, pero prometo continuar con la labor.
Sigo queriendo dirigir mi vida para que la orquesta no desafine, pero no sé si adquirí la batuta equivocada, o mi forma de dirigir no es la correcta.
Es dura la convivencia con los demás, pero la más dura de todas es con los hijos, por lo menos para mí. Tienes tantas esperanzas depositadas en ellos, que no quieres que cometan los mismos errores que tú o, mejor dicho, si ellos no los cometen, automáticamente se borran los tuyos y se convierten en tus victorias. Sí, sé que es un poco egoísta pero es algo que va unido al comportamiento humano...
Por mi parte, este año he reencontrado la relación con mis padres, hermano, cuñada, sobrinos, desterrada por imperativos ajenos hace años. Estamos saboreándola mutuamente.
Superé uno de mis grandes miedos, aunque me quedan todavía otros muchos que eliminar.
Muchas veces, por cobardía, cultura, miedo o comodidad, nos apoyamos en los demás para seguir adelante. Nos fiamos más de ellos que de nosotros mismos porque nos han enseñado a ver lo contrario como  orgullo o altanería, y nada más lejos de la realidad...
Los amigos seguirán su camino, por mucho afecto que haya; los hijos crecerán e iniciarán sus vidas formando sus propias familias, alejadas de nosotros, por mucho amor que haya. El resto de familiares también continuarán su recorrido, por mucha ayuda que nos presten. El resto, trabajo, aficiones, objetos, todo a lo que nos aferramos, cambiará, se estropeará, o simplemente desaparecerá.
Entonces, ¿qué nos queda? Solo nos queda nuestra persona. Nos enseñaron a no querernos, a ignorarnos, por eso no sabemos ni quiénes somos... Nuestro niño interior, alma, intuición, como lo queramos llamar, nos pide ayuda a gritos. Escuchémonos, nuestra esencia es feliz, dulce, clara como el agua cristalina que brota libre de un manantial.
Redescubriéndome sigo analizándome, entendiendo mi realidad, con mis defectos, como la adicción que tengo a la comida, de la que me he dado cuenta hoy mismo... Al fin y al cabo, estoy aprendiendo a quererme. ¿Qué mayor acto de amor y agradecimiento?...
Estoy preparada y dispuesta a descubrir un nuevo amanecer y te invito a hacerlo tú también. Quién sabe si nos encontraremos en el camino...
De todo corazón, te deseo Feliz Año 壟

martes, 29 de agosto de 2017

Nuevo comienzo

Después de varios meses, sin escribir, me animo de nuevo a hacerlo.

Abrí este blog para plasmar mis emociones, sentimientos, vivencias, etc..., cosa que siempre me ha cohibido. Nunca he sido dada a mostrar mis emociones. ¿Por qué?, pues creo que por miedo. Por miedo a mostrarme tal como era ante los demás y que, como consecuencia de ello, me pudieran hacer daño. O quizás también por miedo a no saber cómo reaccionar "correctamente" ante la sociedad y, por eso, poder ser criticada.

Siempre he sido una persona muy tímida. En mi etapa infantil lo pasé sinceramente mal por este motivo y me perdí muchas cosas bonitas que ya no volverán. En mi adolescencia se enturbió mi personalidad por lo mismo. Parecía una persona lejana, antisocial, ..., y nada más lejos de la realidad. Empecé a verme físicamente mal, sólo veía que me sobraban kilos, casi siempre utilizaba pantalones pensando que con ellos parecería más delgada. El físico se abrió camino y me ganó la batalla. Cualquier cosa "negativa" que me pasaba la achacaba a ese físico que empecé a odiar. Quería ser alguien totalmente diferente a la persona que era y no paraba de ponerme disfraces, que lo único que hicieron fue confundirme, no conocerme yo misma ni dejar a los demás que lo hicieran. Pero esa etapa ya finalizó y, me imagino que cada adolescente intenta pasar por ella lo mejor que puede, al igual que yo. No diré que fue una equivocación, sino un periodo de aprendizaje como tantos otros.

Todas esas vivencias fueron dejando posos importantes en mi personalidad que, a día de hoy, todavía voy analizando e intentando descartar los que ya hicieron su cometido y necesito eliminar.

Ya he hablado, un poquito, en la primera entrada de este blog, de mi vida, maravillosa vida llena de emociones y baches, que me han hecho aprender muchísimo y que agradezco infinitamente.

Aquí hago un inciso y me refiero a otro blog que abrí "Las drusas de mis ojos", del que he eliminado todas las entradas y las he unificado en éste. En la etapa en la que lo abrí, mi vida giraba en torno a una profunda tristeza que desembarcó en mí a raíz de mi divorcio, pero que había navegado conmigo durante toda mi vida. Dicen que no hay que deshacerse del pasado porque forma parte de cada uno y no hay que renunciar a él. Pues bien, yo no renuncio a él porque lo he vivido, pero ¿para qué dejarlo plasmado en letras? Prefiero plasmar todo lo que he aprendido junto a él. Por lo tanto, elimino todo lo que me produce dolor.

Gracias a un magnífico psicólogo, Antonio Bravo Trevejo http://antoniobravotrevejo.com, conseguí superar esa eterna  y traicionera tristeza y, junto a ella, muchos miedos que ensombrecían mi vida, entre ellos el más grande, el miedo a mi verdugo. Aprendí a conocerme, a perdonarme, a escucharme y sobre todo a quererme. Así mismo me enseñó a introducir el ejercicio físico en mi vida, insistentemente debo decir, lo cual agradezco, ya que hoy forma parte de mi vida cotidiana.

También he encontrado a una excepcional nutricionista y coach, María Neira http://www.nutriendomicambio.com, que me está ayudando a aprender a comer de manera saludable y cuidarme, porque el cuidarse depende sólo y exclusivamente de cada uno de nosotros. No tenemos excusa para poder encontrarnos y sentirnos bien.

No voy a repetirme dando las gracias a todas las personas que nombraba en la entrada "Cuando el alumno está preparado aparece el Maestro" porque cada una de ellas tiene un lugar en mi corazón, pero debo mencionar un paréntesis que me ha hecho reflexionar mucho mucho mucho. Debo decir que a través de las redes sociales he conocido a personas maravillosas, mis queridos amigos de Facebook, entrañables y encantadores, con los que comparto risas y lágrimas, jajaja, me ha quedado como la peli (ha sido sin pensar, que conste), al igual que mis amigos de Instagram y de Twitter. (Menos mal que yo era anti-redes sociales...)

Pero he de decir que en este mundillo, donde no nos vemos las caras y no podemos mirarnos a los ojos, hay que tener mucho cuidado, dado que la gente aprovecha para vigilar y sacar información. De hecho, esta cuenta "cuchicuchi.diez@gmail.com", que es desde donde escribo este blog, la creé para también yo ver sin ser vista, jijiji y la he cogido tanto cariño que sigo con ella. Agradezco a esas personas - que realmente me hicieron mucho daño, ya que yo me entregué en cuerpo y alma a lo que pensé que podía ser una gran amistad, necesitada como estaba en aquél entonces de cariño y comprensión -, que actuaran como lo hicieron, ya que me metieron en un laberinto de pasiones, odios y malentendidos cruzados, con el que yo no comulgaba, y del que no salí bien parada, pero aún así es mucho más grande el aprendizaje que he obtenido que el malestar que me generó su traición. Llegué a sentirme nadie, mala persona, a creerme lo que decían de mí, pero por fin lo he superado y desde este punto es desde el que se forja mi nuevo comienzo. Yo existo, estoy aquí, ocupo un espacio y genero una sombra y no soy ni mejor ni peor que nadie, sencillamente soy yo.

Este nuevo comienzo me gustaría llenarlo de alegrías, felicidad y sobre todo amor. Ese amor incondicional al que tanto critican y que en mí y en un montón de personas maravillosas existe y por el que nos tachan de "ilusas". Pues sí, llámame ilusa, pero con amor...

Espero no haberos aburrido, pero creía importante explicar el motivo por el que llevo tanto tiempo sin escribir y por el que me habéis preguntado los que me queréis. Un beso enorme para vosotros y muchas gracias. ¡Os quiero!
...

jueves, 26 de enero de 2017

Amigos desconocidos/desconocidos amigos



Hoy quiero dedicar esta entrada a una persona totalmente desconocida para mí, físicamente hablando, pero más cercana que personas que sí conozco. Cercana a mi alma, a mi esencia, sin tapujos, sin maquillaje.

Os lo cuento como un pequeño relato. El otro día, como tantos otros, subí al autobús que me llevaba a mi trabajo. Como no me gusta ir en contra de la dirección de la marcha, le pregunté a una jovencita que estaba sentada al lado de la ventanilla, si podía quitar su mochila del asiento contiguo al que ella ocupaba, para sentarme en él, ya que era el único que quedaba libre. Ella retiró su mochila y salió al pasillo para dejarme sentar a mí en su asiento, al lado de la ventanilla, cosa que me extrañó. Se lo agradecí y me senté a su lado.

Lo primero que hizo esta joven, y que me hizo sospechar que era una persona especial, fue tocarme el anillo que llevaba yo en mi mano derecha (me gusta la originalidad en todo), diciéndome que era muy bonito y diferente. Le respondí que sí lo era, pero que era "malo", asustándome su comentario y pensando que podía robarme (gran error por mi parte, achacable al temor a alguien desconocido). Continuó con mi otro anillo y terminó tocando el cuello de mi abrigo, diciendo que era muy suave y que debería ser muy calentito. También le hablé yo de su abrigo, con piel en el cuello, como el mío.

En ese momento me di cuenta de que realmente era una persona especial, una persona transparente, natural, sin manipular, porque me contó que ese abrigo se lo habían traído los Reyes, que le había hecho mucha ilusión porque siempre le regalaban ropa y libros. Le encantaba leer y ahora estaba leyendo un libro de Eduardo Mendoza, "El secreto de la modelo extraviada" y recordé "El misterio de la cripta embrujada", libro del mismo autor, que hace años leí.

Después me dijo que iba a "su Centro", que imaginé de educación especial, donde trabajaba con niños, que era un poco aburrido, y que lo que a ella le gustaba era la informática, que había estudiado desde los seis años. Yo la estuve comentando que había que hacer de todo, aunque unas cosas nos gustaran más que otras, así sería más entretenido.

Al llegar a mi parada, le deseé buen día y me despedí de ella. Ella hizo lo mismo conmigo. Me bajé del autobús contenta para empezar mi jornada laboral.

Mientras llegaba al trabajo, iba pensando en todas las etiquetas que nos ponemos y todos los prejuicios que tenemos hacia personas que consideramos inferiores a nosotros, que somos "personas normales" y, sin embargo, ni nos saludamos en el autobús aunque nos veamos todos los días y no nos atrevemos a decir "qué bonito anillo llevas" por miedo a que nos lo roben, o a que nos respondan con un "a tí qué te importa".

¿Eso es lo normal, lo correcto, o lo que hizo esta joven, con toda naturalidad?

Tengo que reconocer que me dio una gran lección de vida y me hizo feliz saber que hay personas con su esencia intacta, que se muestran al mundo sin pudor y llenas de amor.

¡Muchas gracias, amiga desconocida!